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Halloween vs Todos los Santos. ¿Quién invade a quién?

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Cada año por estas fechas toca escuchar de nuevo a los defensores de «lo nuestro» criticando la importación de esa fiesta «americana» llamada Halloween en detrimento de nuestra tradicional «Día de todos los Santos Difuntos».

No solo no creo que la segunda vaya en detrimento de la primera pues pasar una noche de juerga el día 31 no quita que los creyentes lleven flores a sus familiares y recen por ellos al día siguiente, sino que el tema de la defensa de «lo nuestro» puede variar mucho dependiendo de en qué momento de la historia empecemos a considerar que algo es «lo nuestro».

Volvamos un poco atrás en el tiempo: Unos cuantos siglos antes de Cristo había en Europa un tradicional rito anual celta que se celebraba más o menos por donde cae ahora Halloween/Todos los Santos. Más o menos porque no había aun calendario oficial, pero coincidía con lo que ellos consideraban el final del verano por la caída de las horas de Sol e inicio de los días más fríos. Según sus creencias ese día los muertos volvían al mundo de los vivos y sus familias encendían hogueras para guiarles de vuelta a sus casas, pero también intentaban librarse de sus enemigos con calaveras iluminadas y haciendo mucho ruido. ¿Os resulta familiar?

Luego llegaron los calendarios juliano y gregoriano y esta celebración quedó establecida «oficialmente» el 31 de octubre. Así siguió hasta el siglo VII (más o menos, hablo de memoria) cuando un papa decidió que el día que los cristianos habían establecido hacía poco para recogerse y rezar por sus difuntos debía pasar de mayo al 1 de noviembre, para aprovechar su similitud con la fiesta pagana de los muertos y con el tiempo lograr sustituirla por completo.

No es necesario decir que tuvieron éxito casi absoluto, al igual que cuando establecieron la fiesta del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, fecha en la que casualmente los romanos celebraban la fiesta del nacimiento del Sol en la que había grandes comilonas y se intercambiaban regalos…

Un éxito tan abrumador que casi ninguno de nosotros había oído hablar de esa tradición ancestral (europea, sí, y como mínimo 10 siglos más antigua que el día de Todos los Santos) hasta que nos ha llegado  de vuelta su versión actualizada en forma de Halloween.

A pesar de su caída en favor de la nueva festividad católica parece ser que en Irlanda quedó algún reducto de la antigua celebración que viajó a EE.UU. en el siglo XIX y que con el tiempo los americanos modificaron y explotaron comercialmente (como no podía ser de otra manera en EE.UU.), llegando de nuevo a nosotros corregida, aumentada y desposeída de su significado original, quedando únicamente como una noche de diversión tenebrosa.

Así que el que consideres que una de las dos está invadiendo «lo tuyo» depende de la fecha a la que te quieras remontar. Si consideras que «lo tuyo» empieza en el siglo VII y que lo anterior no vale entonces sí, Halloween es una invasión extranjera en toda regla que los americanos han querido poner la noche antes de Todos los Santos para fastidiar. Pero si te remontas solo un siglo atrás entonces Halloween no es más que lo que con mucho esfuerzo un pequeño grupo de irlandeses consiguió salvar de una tradición europea ancestral, teniendo que llevársela a EE.UU. para mantenerla viva de la opresión que sufrió en Europa y consiguiendo que dos siglos después haya podido regresar triunfante a la tierra donde se originó hace unos 25 siglos. Eso sí, americanizada como no puede ser de otra manera tras dos siglos en los que solo ha podido permanecer activa en ese país. Ahora tenemos un montón de siglos por delante para europeizarla de nuevo si queremos.

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¿El móvil tiene la culpa?

Esta mañana he visto en Twitter un enlace a este vídeo.

No es el primero de este tipo que veo y me pasa como a quien compartía en esta ocasión el vídeo (@josetortosa), que me llega…

Porque es algo que veo cada día y me produce malestar y porque cuando veo la tónica general de los comentarios me doy cuenta de que estamos confundiendo al culpable, y si confundes al culpable no puedes solucionar el problema.

Cuando empiezas a leer los artículos o comentarios que suelen acompañar a estos vídeos la idea que te acaba quedando es «el móvil es el diablo, mira en qué nos ha convertido». Es una actitud muy humana, echar balones fuera y culpar de nuestro problema a algo que no se puede defender, así seguimos igual pero con la conciencia más tranquila porque no es nuestra culpa, es de los malditos ingenieros que no tenían otra cosa que hacer y decidieron arruinarnos la vida.

La realidad, a mi modo de ver, es bastante distinta. Los móviles de los que disponemos hoy son cacharros que hace solo 20 años no aparecían ni en películas de ciencia ficción, nos permiten comunicarnos con gente a la que no tenemos cerca de un modo que no podíamos ni soñar hace no tanto tiempo, pero en ningún manual de instrucciones dice que debas hacerlo mientras comes con tu familia, das un paseo con tus hijos o tomas un café con amigos. Eso es algo que decides tu en cada momento, no lo decide el móvil. Es responsabilidad tuya al 100%. Ni tu móvil ni Steve Jobs ni Lee Kun-hee tienen nada que ver en que tu estés ignorando a quienes tienes alrededor por no poder apartar la mirada de la pantalla.

Antes del móvil ya pasaba con la tele: «La televisión rompe la comunicación el las familias que ya no hablan mientras comen». Y resultó que la solución era tan sencilla como apagarla durante las comidas. Os puedo garantizar por experiencia propia que en un hogar donde nunca se ha comido con la TV encendida no hay la más mínima protesta por ello, porque es algo que no se concibe. Donde ya es habitual supone pasar un periodo de desenganche, pero luego se ve como algo normal y la vida sigue sin esa necesidad.

Y con el móvil ocurre algo similar. Si un día dejas de echarle la culpa a él y asumes que eres tu quien debe hacer algo los problemas empiezan a desaparecer, se pasa mal una temporada y luego la vida sigue sin esa necesidad. Os lo dice alguien que vive de la tecnología, que la disfruta, que está pendiente de cualquier novedad, que es un «early adopter» vocacional, pero que al mismo tiempo está preocupado por hacer un uso racional del móvil y disfrutar a tope de lo que ocurre cerca sin preocuparse a cada momento por lo que pasa lejos.

Por si miras hacia dentro y te reconoces en las actitudes que se ven en el vídeo te dejo una lista de cosas que a mi me han funcionado. No a modo de «receta infalible para dejar de estar enganchado al móvil», que sería como os lo contaría alguien que hubiera hecho un curso de marketing online. Si habéis leído algo de este blog sabréis que no creo en recetas ni en «listas de 10 pasos para…», solo quiero compartir algunas de las normas y cambios que me han funcionado hasta ahora para llevar una relación más o menos sana con mi smartphone. No todas valen para todos, porque no todos vivimos igual, pero si crees que debes hacer algo puede que alguna de ayude a dar los primeros pasos:

  • Norma familiar nº 1: no se usan dispositivos electrónicos mientras comemos, ya sea en casa o en un restaurante. Ni adultos ni niños. Si las niñas empiezan a aburrirse le echamos imaginación para capear el temporal, pero no les echamos el móvil «para que se entretengan y no den la lata». Los momentos de reunión offline los vivimos offline. Hay pequeñas excepciones. Se puede usar el móvil unos segundos para hacer un check-in o algo similar, pero luego vuelve a su sitio y no se responden interacciones si surgen.
  • Norma familiar nº 2: Cuando salimos a pasear, en bici, de excursión, al parque… se aplica una versión relajada de la norma nº 1. Es decir, no usamos el móvil salvo para hacer y/o compartir alguna foto muy esporádicamente. No entramos a ver qué pasa en Facebook o en Twitter ni consultamos el correo, etc. Digo que es una versión relajada porque nos permitimos responder emails y llamadas si es necesario. Es una cuestión de equilibrio: si se que me va a llegar un email urgente esta tarde no voy a cancelar la excursión porque tengo la norma de no responder emails. Prefiero salir, hacer una pausa cuando llegue, responder y seguir. Las llamadas que recibo en el móvil no son muchas, por lo que no es un problema. Si tu problema son las llamadas tendrás que buscar tu propia solución porque como no tengo ese problema no he tenido que buscarla ;).
  • «Vale, ¿pero cómo sabes cual es ese email urgente? Si recibes muchos emails tendrás que estar mirando a cada aviso a ver si es el que esperas y eso no es lo que se pretende». Así es, y para eso tenemos los filtros de email. La idea consiste en reducir los avisos que recibes en el móvil al mínimo. Mediante filtros tu puedes decidir qué emails van a provocar que tu móvil te avise y qué emails no lo van a hacer porque no hay prisa en leerlos. En la mayoría de los casos se pueden quitar todos, porque hay muy pocos emails que no puedan esperar una o dos horas a que los leas. No voy a explicar en detalle cómo se hace pero lo puedo explicar en otro post si hay interés. De esta manera sabes que cuando el móvil vibra por un email hay una posibilidad alta de que sea importante y lo puedes mirar sin sentimiento de culpa…
  • «OK, ya tengo filtrado mi correo, pero Facebook y Twitter no dejan de molestar». La pregunta es ¿necesitas realmente saber al instante cuando alguien te ha mencionado o retuiteado? Si tu participación en las redes es por temas personales, no laborales, la respuesta será no. Si la respuesta es sí mira a ver si estás respondiendo tu o tu ego. Si logras callar a tu ego puedes desactivar tranquilamente las notificaciones y ya verás esas interacciones cuando vuelvas a casa y tengas un rato. Si necesitas estar atento porque tu cuenta tiene un uso profesional puedes dejarlas activas y usar la función de prioridad de tu móvil (si la tiene) cuando decidas que esos momentos son solo para ti y no vas a responder aunque te mencionen.
  • Whatsapp, el gran enemigo. No hace falta que te diga nada más si lo usas. En mi caso está todo silenciado excepto mi familia, pero por separado. Me explico: hay un grupo de familia donde vamos compartiendo comentarios y fotos. Ese está silenciando también. Pero como por separado solo nos escribimos cuando hay algo importante en ese caso sí tengo activos los avisos. Si, Whatsapp es mensajería instantánea, lo se, y eso significa que tu mensaje me llega al instante, no que esté obligado a leerte y contestarte al instante también.
  • Notificaciones de apps: todas desactivadas, ya veré el aviso cuando entre. Aun no he encontrado una que merezca mantener como aviso.
  • Al desactivar los avisos en unos casos se desactivan al 100% y en otros se deja que aparezca la etiqueta pero no que el móvil suene ni vibre. Esto es útil en muchos casos. Por ejemplo: yo uso bastante Twitter pero muy poco Facebook, así que los avisos de Twitter los tengo silenciados al 100% porque se que los veré al menos en el mismo día, pero los de Facebook los tengo puestos para que aparezcan en pantalla pero no suenen ni vibren. De esta forma no me interrumpen pero cuando voy a ver el móvil se que tengo algo pendiente que de otra manera igual tardaría una semana en ver.

Con todo esto consigues el primer paso: que tu móvil no te esté llamando continuamente con avisos para informarte de alguna tontería. Con esta configuración sabes que cuando te llame puedes hacerle caso porque probablemente sea algo que merece ser atendido en el momento.

El segundo paso y el más costoso es el autocontrol. En cuanto quites las notificaciones te van a entrar unas ganas incontrolables de mirar cada 5 minutos si ha pasado algo. Hay que vencerlas, es como dejar de fumar. Sabes que no ha pasado nada importante, porque si no tendrías un aviso, relájate. Sí, puede que alguien te haya mencionado en Twitter y tu aun no lo sabes ¿Cómo vas a vivir con esa duda?

Al principio puede funcionar ponerte horas fijas para mirar el móvil, cada dos horas por ejemplo. Cuando te sientas mejor con ese plan y veas que no se hunde el mundo puedes pasar a cada tres o cuatro, y si superas esa fase y se te pasa por completo la ansiedad de «no saber qué está ocurriendo» llega un momento en que no necesitas horarios. Lo mirarás de vez en cuando con un vistazo rápido y sabrás si hay algo que merece atención.

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Recomendados Tecnología/Desarrollo

Tu Amigo Invisible

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Parece que últimamente solo escribo en este blog cuando publico una app 🙂

Esta nueva app que os presento es un mini proyecto que programé a ratos en un par de semanas en diciembre de 2013, para aprender cómo funcionaba una nueva plataforma llamada meteorjs que hacía un tiempo que había descubierto y me había llamado la atención.

El motivo de elegir este proyecto tiene que ver con las fechas en las que empecé: en Navidad en la familia tenemos costumbre de hacer un «Amigo Invisible», cuya parte más costosa es reunirnos todos para poner los papeles en un bol y conseguir que cada uno acabe con el nombre de otra persona en su papel y nadie con su propio nombre.

Se me ocurrió que sería más práctico hacer este sorteo sin tener que estar todos presentes, online, y que cada uno reciba en su email el nombre de la persona a la que le toca hacer el regalo.

El programa llegó a funcionar y allí se quedó como un experimento que me sirvió para aprender a usar esta plataforma que luego he usado en más proyectos a lo largo de 2014.

Al acercarse de nuevo las navidades me he acordado de él, y en un par de mis clásicos madrugones le he dado un poco de forma para que tenga un buen aspecto, le he comprado un dominio y os la dejo disponible para que la uséis cuando queráis:

http://tuamigoinvisible.tealohamos.com

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Tecnología/Desarrollo

Migrar de Blogger a WordPress. Así es como yo lo hago

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La información de este artículo había quedado un poco anticuada y la he actualizado directamente en la web de Tealohamos donde ofrecemos el servicio de traspaso a quien no quiere hacerlo por si mismo. Puedes ver cómo se hace en http://tealohamos.com/traspaso-blog-blogger-wordpress/

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Educación

Ken Robinson: El valle de la muerte educativo

Ya he publicado un par de veces charlas de Ken Robinson (El paradigma educativo actual y La educación integral), pero esta me ha gustado especialmente. La comparación con la vida latente esperando las condiciones adecuadas para crecer me ha parecido muy acertada. Creo que es una de las revoluciones pendientes más importantes, si no la más.

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Disfrutar

Subir al Mulhacen con niños (niñas en este caso)

¿Se puede subir al Mulhacen con niños? Hice esa pregunta a Google unos meses antes de nuestra aventura y encontré respuestas de todos los gustos. La mia: si están acostumbrados a caminar por el monte, sí.

El año pasado por estas fechas, aprovechando un viaje de vuelta desde Sevilla, pasé un par de días en solitario por los montes de Granada, subiendo al Mulhacen desde Capileira y haciendo noche en el Refugio de Poqueira.

Al volver a casa y mostrar las fotos mis dos hijas mayores (con 5 y 6 años entonces) se enfadaron mucho conmigo. Estaban totalmente indignadas por haberme ido a ese sitio tan chulo sin contar con ellas. De nada valió que les explicara la dureza de la subida, ni la dificultad añadida de la altitud.

Así que hicimos un pacto: si durante el invierno y primavera manteníamos un buen ritmo de salidas al monte los fines de semana, que nos permitiera al menos saber que no se iban a desfondar en las primeras cuestas, en verano lo intentaríamos. Cumplieron el pacto con creces, pasandolo muy bien además en cada una de nuestras salidas «para entrenar», así que la semana pasada, ya con 6 y 7 años respectivamente, salimos de madrugada dirección a Capileira para afrontar la primera etapa: llegar al Refugio de Poqueira a pasar la noche.

Mi mayor miedo en esta excursión era la altitud. Vivimos a escasos 100 metros sobre el nivel del mar, el lugar donde dejamos el coche para empezar a caminar está ya a 2.000, y el Refugio de Poqueira a 2.500 metros. Al día siguiente en unas horas te plantas en los 3.478 metros que tiene el Mulhacen. No tenía mucha información sobre si la menor cantidad de oxígeno afecta a los niños más o menos que a los adultos. El plan era dar media vuelta en cuanto hubiera algún mareo, dolor de cabeza o cualquier otra cosa rara, pero nada de eso ocurrió.

Elegimos la ruta que parte desde la Hoya del Portillo, lugar donde acaba la pista que sale desde Capileira y donde ya no se permite el acceso con vehículos. Es la ruta más suave hasta el refugio, exceptuando que tomes el autobús que sube al Alto del Chorrillo, pero eso no estaba entre las opciones, le quitaba toda la gracia al asunto. En refugiopoqueira.com podéis encontrar los detalles de esta y otras rutas por la zona.

Las fotos de este artículo son de móvil. Quería llevarme la reflex pero como no quería que las niñas llevaran peso en esta primera experiencia consideré que ya iba lo suficientemente cargado con ropa y comida para 3 y se quedó en casa.

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La única pega de esta ruta hasta el refugio es que la parte más dura de la subida se hace nada más bajar del coche y te pilla el cuerpo frio.  Tras equiparnos subimos siguiendo el sendero que sale al lado de la caseta del guarda hasta llegar al cortafuegos. Con calma se sube bien. El año pasado empecé a subir tarde y con las prisas puse un ritmo que hizo que me pareciera más duro de lo que en realidad es.

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Ya en el cortafuegos tenemos las primeras vistas de las cumbres de la zona y nos tomamos nuestro primer descanso. Subiendo un poco más vemos el cartel que nos indica el desvío a tomar para llegar al refugio.

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El camino discurre luego suave, subiendo en general pero sin grandes pendientes. Pasamos entre dos pequeños bosques al principio que una vez ganamos altura desaparecen dejando ya paso a los matorrales como única vegetación. Desde este punto ya divisamos nuestro objetivo de hoy, el refugio (¿lo ves?) y el de mañana, el Mulhacen, a la derecha. Aunque ya se vea el refugio aun nos queda bastante camino, ya que damos un rodeo subiendo para luego bajar haste el refugio. En un punto del camino, cuando ya tiene de nuevo ancho de pista, veremos un cartel indicador para tomar un sendero en pronunciada bajada a la izquierda que nos evitará dar todo el rodeo que da la pista.

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Y tras una última parada para beber y jugar un poco en uno de los muchos riachuelos que forma el deshielo nos encontramos ya casi en el refugio…

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Llegamos sin más percance que una pequeña rozadura en el talón provocado por las botas nuevas de Júlia que pudimos solucionar con Compeed. Fueron unas 4 horas desde que dejamos el coche. A paso de adulto son unas dos horas y media o tres. A la llegada al refugio les entró a las dos su primera «borrachera». Una risa floja tras subir a las literas que les duró unos 10 minutos, creo que fruto de la eufória. Habían esperado todo un año para llegar allí, estar en un refugio les hacía muchiiiisima ilusión, y la celebración de la llegada fue una sesión de risas solo superada por la que vendría al día siguiente en la cumbre.

En el regufio hay servicio de cenas, y aunque no suelo hacerlo en esta ocasión decidí utilizarlo para evitar subir más peso, ya que tenía que cargarlo todo yo. Tras la cena nos fuimos a dormir pronto para recuperar todas las energías posibles antes de la etapa del día siguiente.

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Tras descansar cómodamente en una habitación para nosotros solos (lo que en un refugio puede considerarse un lujo) nos pusimos en marcha sobre las 7:30. Desayunamos en el refugio y empezamos a subir. Elegí ascender por el Rio Mulhacen hasta la pista para luego subir por el pedregal de la cara oeste. El año pasado subí por la pista y se me hizo un poco aburrido, y el camino por el río, con los restos de nieve que aun quedan este año, parece bastante más bonito y divertido. La primera parte es una pequeña bajada desde el refugio hasta el río, pero luego ya no bajaremos más hasta que lleguemos a la cumbre.

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El sendero sigue al rio durante todo el camino. Basta con llevar cuidado y tomar el camino de la derecha cuando el rio se bifurque. Si empezamos pronto tendremos un buen tramo del camino con sombra, que es algo que se agradece mucho en esta zona en verano. Una vez empiece a darnos el sol ya no hay apenas refugio posible para evitarlo.

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No es habitual encontrar tanta nieve en estas fechas. Hay que dar algún pequeño rodeo para evitarla porque en algunos puntos tapa el camino, pero incluso en este año atípico no hay ninguna dificultad. No hay forma de perderse porque siempre tenemos la referencia a la derecha del lugar a donde vamos.

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Y subiendo, subiendo llegamos por fin a la pista donde empieza lo realmente duro: el zigzag entre piedras que nos llevará por una fuerte pendiente a cubrir los 500 metros de desnivel que nos quedan hasta la cumbre. Esta parte del camino es la que hay que tomarse con más calma. Es cansada por lo fuerte de la pendiente pero además se hace aburrida ya que es un contínuo y largo zigzag entre piedras, y a cualquier niño le mata más el aburrimiento que el cansancio.

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En esta foto puede apreciarse la subida. El camino que seguimos es el que va a la izquierda. El de la derecha viene desde el vivac de La Caldera, que podéis ver junto al lago del mismo nombre, aun helado. Las niñas pedían pequeños descansos cada poco, aunque pude comprobar que, al menos al principio, no estaban tan cansadas como decían ya que en cada descanso en lugar de sentarse se ponían a formar hitos con piedras «para que no se perdieran los que vinieran después». Durante todo el camino además no dejaron de hablar. Eso es síntoma normalmente de que no vas tan mal, pero en el caso de mis hijas resulta que prefieren caer desfallecidas a dejar de charlar mientras suben…

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Esta foto corresponde a la segunda «borrachera» del viaje. La que les entró al llegar a la cumbre. Poco antes tuvimos el único momento crítico del camino. Una de ellas dijo que ya no podía más, y el pacto era que en el momento en que alguno de los tres dijera que no quería seguir volveríamos al refugio. La cuestión es que yo ya conocía la subida y sabia que nos quedaba muy poco, así que me salté ese pacto, descansamos un buen rato y subí los 4 o 5 zigzag que nos quedaban hasta la cresta para que tuvieran una referencia de lo que nos quedaba por esforzarnos. Desde la cresta hasta la cima es solo un suave y corto paseo. Una vez visto que era realmente poco lo que quedaba se animaron y llegaron sin problema a la cumbre, donde coincidimos con una pareja inglesa que amablemente nos hizo la foto «oficial» en la cima.

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Estuvimos un buen rato en la cima, disfrutando de las vistas y comiendo. Improvisamos una pequeña nevera para refrescar la bebida en uno de los neveros que quedaban y tras disponer de nuevo de agua bien fresquita empezamos a bajar.

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Iniciamos la bajada por el mismo camino que la subida. Hay otra ruta por el sur más suave pero entre que no la conocía y que no sabía si podía haber algún problema aun por la nieve que quedaba preferí bajar por el camino conocido. El descenso es evidentemente menos cansado que la subida pero castiga las rodillas por la fuerte pendiente. Tras bajar todo el pedregal y llegar a la pista, y como se quejaban ya de un poco de dolor en los pies, decidí volver al refugio siguiendo la pista en lugar de bajar por el rio. Caminar por la pista con pendientes suaves, aunque sea un camino algo más largo, castiga menos los pies que el sendero más escarpado al lado del río.

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El camino de vuelta aun nos guardaba una pequeña sorpresa: un nevero cortaba la pista dificultando el paso: la nieve era ya muy muy dura con lo que había peligro de resbajar pasando por encima, y al intentar bordearlo por abajo el terreno se deslizaba, ya que aunque estaba aparentemente seco a la vista, la nieve fundiéndose por debajo hacía que bajo las piedras fuera todo un enorme barrizal. Al final descendimos hasta una altura en la que el barrizal ya era menor, cruzamos y volvimos a subir hasta la pista. El año pasado por estas fechas este nevero no existía.

Desde aquí solo quedaba seguir la pista hasta el cruce del Alto del Chorrillo y luego bajar al refugio, pero para evitar el rodeo tomamos un atajo no muy bien señalizado que permite acortar el camino bajando directamente al sendero que lleva al refugio. Se trata de estar atento a la derecha a un pequeño hito cuando ya divisamos claramente el Alto del Chorrillo y el punto en el que la pista enlaza con el sendero que va al refugio. Desde este hito veremos otro y luego desde este ya vamos por donde podemos hasta otro hito gigante que se divisa claramente, pues tiene más de un metro y medio de altura. Desde este punto ya basta con seguir el sendero que nos llevará a la pista del refugio envitándonos un buen rodeo y el tramo de subida de la pista.

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En el refugio de nuevo cena y descanso y al día siguiente tras desayunar y recoger todo partimos hacia la Hoya del Portillo. Nos tomamos la vuelta con mucha calma, llegando al coche sobre las 13:30 y parando a comer en Capileira para luego iniciar ya lo más pesado del viaje: las 5 horas de coche de vuelta a casa.

En resumen: una gran experiencia para todos. Para ellas por haber podido llevar a cabo su primera «gran aventura» y para mi por haber podido compartirla con ellas y emocionarme con sus emociones. Y creo que el secreto del éxito es solo uno: todo partió de ellas. Si hubiera sido yo quien les hubiera «vendido» esta excursión y hubieran venido motivadas por mis recomendaciones o motivaciones no creo que hubieran aguantado ni la mitad de lo que llegaron a cansarse en la subida.

A la pregunta ¿volveríais? la respuesta la noche tras la subida fue «sí, pero cuando sea mucho más mayor, para no cansarme tanto». Pero al día siguente, aun caminando de vuelta al coche ya preguntaban si el próximo año volvemos, y de vuelta a casa en el coche ya una de ellas preguntaba «¿y no podemos venir antes de que vuelva a nevar? esperar un año entero es mucho…»

Y ya como colofón solo una breve frase para quienes siguen defendiendo que los niños no se esfuerzan si no los obligas: ¡JA!

Como ha habido un par de peticiones y me apetecía jugar un poco con Google Maps aquí os dejo un resumen de la ruta:

Ver Subida al Mulhacen desde Hoya del Portillo en un mapa más grande

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Educación

La felicidad crece mejor si la siembras pronto

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Vivimos en un momento en que por fin hay una gran corriente que defiende y difunde que la vida es algo más que mantener un trabajo que no te gusta durante muchos años para luego ser feliz cuando te jubiles, que lo de hacer algo que no te gusta ahora para ser feliz luego no es una forma sana de vida, que a ser feliz se aprende siendo feliz, que hay que dedicar las energías a aquello en lo que disfrutas porque es la única manera de ser feliz cada día….

Pero parece que hay una edad para empezar en todo eso…

Cuando esas mismas propuestas las trasladas a la infancia la cosa cambia:

  • Nos seguimos preocupando más de que saquen buenas notas en temas que no les interesan en absoluto que de propiciarles la mejor manera de que desarrollen sus aficciones, sean las que sean y aunque no nos gusten a nosotros.
  • Les hacemos ir a inglés, o a alemán, o a chino, porque creemos que les servirá en el futuro, aunque a ellos les resulte una carga y no les guste en absoluto. Los que tenéis más de 40 recordaréis cuando se estudiaba francés porque era el idioma con más futuro ¿verdad?
  • Les seguimos diciendo lo de «es por tu bien, en el futuro me lo agradecerás…» que es lo que siempre nos han dicho respecto a nuestra forma de ganarnos la vida «si, no te gusta tu trabajo, pero es por tu bien, estás cotizando para poder jubilarte y disfrutar».

Ya estamos dando el paso de no dejarnos engañar, de intentar ser felices durante toda nuestra vida adulta, de no esperar a la jubilación para disfrutar. Pero hemos tenido que aprender a hacerlo, romper muchos moldes, cambiar de chip, porque no es para lo que nos entrenaron en la infancia, ni es para lo que estamos entrenando a nuestros hijos. Ahora toca dejar de vender a nuestros hijos que su infancia es una forma de cotizar para ser felices cuando sean adultos.

La siguiente revolución será esa, la de criar y educar niños felices que sean adultos capaces de decidir por si mismos sin tener que reaprender a hacerlo porque les hemos privado de esa capacidad durante muchos años. La diferencia en este caso es que los adultos estamos llevando esta revolución por nosotros, mientras que los niños no pueden hacerlo por si mismos. Necesitan de una gran cantidad de adultos dispuestos a preocuparse más por su felicidad y menos por sus conocimientos académicos. Adultos convencidos de que un niño feliz es incapaz de parar de aprender, aunque lo que aprenda no sea lo que a nosotros o al gobierno de turno nos gustaría que aprendiera.

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Productividad

La selección natural aplicada a objetivos

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Casi cualguier libro que leas sobre productividad hablará de objetivos, y aunque cada uno los tratará a su manera es casi seguro que en todos ellos verás un consejo repetido: anotar tus objetivos a largo plazo para no olvidarlos y tenerlos siempre presentes.

Yo he elegido una forma alternativa para gestionar mis objetivos a largo plazo. El problema de este tipo de objetivos es que aunque pongas mucho cuidado al elegirlos siempre te puedes equivocar. Puede que una preocupación presente en el momento de fijarlos te lleve a dar más relevancia de la que merece a algún tema, o que olvides algo realmente importante para ti.

El largo plazo es muy largo y seguramente se parecerá poco a lo que tu imaginas cuando estás decidiendo objetivos, así que es fácil errar el tiro.

Por ese motivo decidí no anotarlos y someterlos a la selección natural: los realmente válidos sobrevivirán y sufrirán mutaciones que si son válidas los reforzarán y si no los harán extinguirse.

¿Y cómo se consigue eso? Es muy fácil: guardas tus objetivos a largo plazo en tu cabeza.

Nuestro cerebro solo es capaz de recordar algo a largo plazo de dos maneras:

  • Porque le provoca una fuerte emoción, un sentimiento profundo, ya sea agradable o desagradable.
  • Por repetición. Por eso nos seguimos sabiendo la tabla de multiplicar y antes de que aparecieran los teléfonos con agenda nos sabíamos los números de toda nuestra familia y amigos. No es que repetir la tabla del 5 nos emocione, pero a base de repetirla se ha quedado grabada.

Si anotas tus objetivos y los tienes siempre bien visibles logras recordarlos por repetición, independientemente de que logren o no emocionarte. Si los guardas en tu cabeza, en cuanto dejen de emocionarte los irás olvidando, y eso te indicará que no eran unos buenos objetivos.

Cuando das con un objetivo que realmente te emociona, él solito aparece en tu cabeza en el momento en que tienes que tomar una decisión que le afecta. No necesita de recordatorios en el espejo.

Cuando se producen cambios, tu visión sobre tus objetivos variará de diferentes formas, adquiriendo matices nuevos que difícilmente se podrán plasmar en un papel.

Empecé a dejar de anotar objetivos tras darme cuenta de que seguir un objetivo fijo equivocado puede ser más perjudicial que no seguir ningún objetivo en absoluto. Desde entonces, de los tres que tenía anotados solo uno sigue ahi, los otros dos desaparecieron y ahora empieza a formarse uno nuevo, que está en las primeras etapas de su evolución y tendrá que demostrar si es lo suficientemente fuerte para superar la selección natural…

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Mini Posts

El ombligo del mundo

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Si el universo hubiera empezado hace un año:

  • La tierra se hubiera formado hace 120 días.
  • Los dinosaurios la hubieran poblado durante casi 4 días.
  • El Homo Sapiens existiría desde hace 27 segundos.

Y seguimos creyendo que el mundo se hizo para nosotros…

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Productividad Recomendados

La Buena Suerte

la-buena-suerteLa semana pasada mi hermana me dejó este pequeño libro que se llama como este artículo. Lo lei hace un par de noches de tirón (se lee en menos de una hora) y la historia o cuento que ocupa casi todo el libro me resultó familiar. La había olvidado, pero solo empezar a leer vino a mi memoria.

Se que la he oido o leido antes en alguna parte, pero no se si es porque es una historia popular que los autores han aprovechado para extraer sus conclusiones en este libro o porque donde la lei o escuché también habían leido este mismo libro.

En cualquier caso es un libro que vale la pena leer si eres de los que piensan que el tener buena suerte es algo que depende totalmente del azar y que no puedes hacer nada para influir sobre ello. La Buena Suerte, con más o menos garantías, se puede provocar, de hecho se provoca.

No soy de los que piensan o venden que solo de ti depende tu destino, pero tampoco de los que creen que todo está escrito.

Hacer las cosas de una determinada manera no implica necesariamente obtener el resultado deseado como a veces nos quieren vender. Haciendo todo lo que el caballero blanco hizo en este libro, un cambio de viento pudo llevar las semillas de trébol de esta historia a otra parte y el cuento no hubiera acabado igual. La vida no es como las películas o los cuentos, pero en todo caso, aun sin garantías de éxito, la forma en que decides afrontar los retos marca una gran diferencia. Tanta diferencia que incluso fracasando en conseguir el resultado que esperabas puedes haber triunfado solo por lo hecho en el camino.

Quien busca garantías solo puede optar por una opción: seguir igual. Eso es una buena garantía de que tu vida no va a cambiar gran cosa.

Querer no siempre es poder, por más que diga el refrán, pero no querer si que es no poder.

El libro dice al final que esta historia nunca llega a tus manos por casualidad. Como buen escéptico que es uno no algo que pueda aceptar, pero es innegable que llega en un buen momento para recordarla. Así que

Muchas gracias a mi hermana por hacérmela recordar de nuevo y ¡Mucha Buena Suerte!

La Buena Suerte (Álex Rovira Celma y Fernando Trias de Bes)