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Por qué no somos productivos de serie (II)

Otro importante motivo que afecta negativamente a nuestros intentos por ser más productivos es que, igual que nadie nos ayudó cuando éramos niños o jóvenes a formar y mantener buenos hábitos de vida y de trabajo, nadie nos ha explicado como gestionar nuestro trabajo y nuestra vida con la que es hoy en día la herramienta de trabajo principal para la mayoría de nosotros y un elemento cada vez más importante en nuestro ocio: un dispositivo contectado a internet.

El email y las páginas web primero, el messenger y similares después, y los blogs y redes soclales al final, se han colado en nuestro día a día y la gestión que hacemos de ellas es tan pésima que nos acabamos quejando de cosas como que «no puedo trabajar porque los emails no me dejan». Eso que nos parece tan normal a base de escucharlo tantas veces es tan absurdo como que un carpintero se queje de que no puede trabajar porque su martillo no le deja.

Tanto el email como el resto de facilidades que nos ofrece internet han de ser herramientas para hacer mejor nuestro trabajo o para mejorar algo en nuestra vida. Son herramientas que hemos de poner a nuestro servicio, no convertirnos en sus esclavos.

Cuando llega el punto en el que se convierten en una molestia en el trabajo y en una fuente de «ruido» en nuestras vidas, restando en lugar de aportar, es el momento de replantearnos cómo estamos usando estas herramientas, porque podemos estar seguros de que estamos haciendo un mal uso de ellas.

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Por qué no somos productivos de serie (I)

En estos primeros posts, y antes de entrar en detalles sobre el tema concreto del blog, me apetece hablar un poco de los motivos por los que no somos productivos «por defecto», de por qué nos cuestra tanto trabajo cambiar nuestros hábitos para empezar a gestionar nuestra vida y nuestro trabajo. Cuesta menos ponerse a arreglar lo que no funciona cuando sabes de donde viene el problema.

Einstein decía que es un milagro que la curiosidad sobreviva a la formación reglada. Yo puedo añadir que es un milagro que nuestra capacidad para decidir sobre nuestra vida sobreviva también al sistema educativo.

La productividad que buscamos supone el desarrollo de unas ciertas capacidades, habilidades, habitos, etc. Veamos que es lo que necesitamos para poder empezar a considerarnos medianamente productivos:

  • Hacer un trabajo que nos agrada o conseguir que nos agrade lo que hacemos.
  • Fijarnos metas ilusionantes.
  • Luchar por nuestras metas cada día.
  • Priorizar para hacer en cada momento lo mejor que podemos hacer para conseguir nuestras metas.
  • Organizar nuestro día a día para no trabajar ni vivir en un caos.
  • Seguimiento y autoevaluación para corregir mientras caminamos hacia nuestras metas.

Algo me dejaré en el tintero, pero una persona con estas capacidades más o menos desarrolladas digamos que está en el buen camino.

Antes de meternos en el mundo laboral todos hemos recibido una formación, que empezó como muy tarde a los 6 años y que acabó como muy pronto a los 14. Así pues todos hemos pasado como mínimo 8 años de formación (la mayoría muchos más), en los que además de meternos en la cabeza contenidos académicos que olvidábamos pocos dias después del examen, día a día vivíamos en un ambiente en el que:

  • Estábamos obligados a estar muchas horas sentados en un entorno que no nos agradaba justo en el momento de nuestras vidas en que nuestro cuerpo necesitaba una actividad física mayor.
  • No nos podíamos fijar metas pues ya venian fijadas en el programa académico. Eran metas externas, de otros, no propias.
  • Estudiábamos de golpe dias antes del examen, no luchábamos día a día por esas metas, cosa normal, nos importaban bien poco, no eran nuestras.
  • En todo momento alguien nos decía qué teniamos que hacer y aprender, cuando hacerlo o aprenderlo, como hacerlo y aprenderlo, y además nos daba todas las respuestas o como mínimo nos marcaba el camino «único» hacia la respuesta. No había capacidad para decidir a qué dedicar el tiempo ni qué considerábamos más importante hacer en cada momento.
  • Los horarios estaban prefijados de antemano, de nuevo por el exterior, no por nosotros, no había posibilidad de decidir sobre nuestro día a día.
  • El seguimiento de nuevo era externo. Alguien decidía si habíamos cumplido o no en base a lo que uno era capaz de recordar en el día concreto en el que había un examen. No aprendimos a autoevaluarnos, sino a depender de la evaluación externa.

Si comparas ambas listas quizás empieces a ver algún motivo por el que te cuesta o te ha costado tanto emprender con éxito este camino hacia la productividad: nos han educado justo para lo contrario de lo que pretendes hacer. Estamos educados para aguantar  una serie de horas en un ambiente desagradable y cumpliendo las órdenes, horarios y objetivos de otros.

Viñeta de Frato
(*)Viñeta de Frato

He tenido la fortuna de conocer varias experiencias educativas increibles donde los niños no siguen esas absurdas normas del sistema, sino que se les facilita un entorno donde pueden seguir sus intereses y donde el conocimiento se les facilita, no se les impone, donde se ven obligados a organizarse cada día porque nadie les impone un horario, donde sus metas las fijan ellos mismos, donde se ven obligados a buscar y pedir colaboración cuando la necesitan, donde lo único que se exige es el respeto por el otro y el cumplimiento de los compromisos que se adquieren con los demás. No tengo ninguna duda de que muy pocos de esos niños van a necesitar cambiar hábitos para gestionar mejor su trabajo y su vida, porque los hábitos que tienen no hay motivos para cambiarlos.

Ser consciente de estas carencias educativas hizo que, tras varios fracasos iniciales, fuera más fácil para mi tomarme en serio este tema esta última vez y no decaer a las primeras de cambio. Me repetía una y otra vez:

«No eres más torpe ni tonto que cualquier otro, simplemente eres analfabeto en esto porque durante muchos años mucha gente ha puesto mucho interes en que lo seas. Tienes que aprender desde cero.»

Estoy convencido de que el modelo educativo vivido durante tantos años es uno de los motivos por los que se hace tan duro empezar y es difícil conservar las ganas de seguir. Justo cuando estábamos desarrollando nuestra personalidad y nuestro cerebro estaba en plena formación nos programaron para hacer lo contrario de lo que pretendemos hacer.

Si naciste en una familia de emprendedores que luchaban por sus objetivos, tienes la gran ventaja de haber vivido un modelo alternativo para contrarrestar tantas horas viviendo en el otro lado, pero si tu familia era una familia «normal», con unos padres que igual que tu en el colegio o en el instituto trabajaban muchas horas obedeciendo órdenes en algún sitio que no les acababa de gustar, entonces tienes un buen poso allí escondido en el fondo de tu cerebro que sigue esperando a que alguien externo le ponga objetivos, le examine, le diga qué tiene que hacer, cuando hacerlo y como hacerlo. Vamos a librarnos de ese poso o como mínimo a diluirlo al máximo para que no nos moleste mientras intentamos vivir de otra manera y tomar las riendas en nuestro trabajo y nuestra vida.

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Mis 10 puntos de revisión productiva

Creo que corresponde, tras las oportunas presentaciones, definir qué es lo que entiendo yo por productividad, para que quien esté tentado de darle al botón de suscripción sepa si el contenido de los futuros posts se puede adaptar o no a lo que está buscando.

No tengo una buena definición de la productividad. En su lugar tengo una serie de requisitos que si se cumplen se que estoy siendo aceptablemente productivo, y si no se cumplen se que estoy fallando en algo. Son estos:

  1. Tengo la cabeza libre de eventos, tareas y proyectos futuros porque lo tengo todo anotado en mi sistema.
  2. Cada día empiezo y termino al menos dos tareas que considero relevantes para mi futuro y el de mi empresa.
  3. Trabajo en cada tarea en bloques de como mínimo 30 minutos sin distracciones.
  4. Tengo metas claras y propias.
  5. Dedico como mínimo la mitad de mi jornada a temas que me ilusionan relacionados con estas metas.
  6. Una vez al mes reviso el estado de mis proyectos y controlo que no se estén atascando.
  7. No sobrepaso las horas que diariamente tengo asignadas a trabajar.
  8. Cuando estoy con mi familia o amigos tengo la cabeza en ellos, no en asuntos pendientes del trabajo.
  9. Duermo bien.
  10. Puedo definir mi estado general durante el día como «tranquilo».

Como podrás imaginar no siempre todas estas premisas se cumplen, pero revisar esta lista de vez en cuando me ayuda a saber si me estoy desviando y hacia donde. Si te parece que podrías vivir mejor trabajando por cumplir esos 10 puntos puede que algo de lo que escriba desde hoy te ayude (o puede que no).

Más de uno pensará que algunos de estos puntos son justo lo opuesto a lo que en su empresa entienden como productividad. La «productividad empresarial» basada en el estrés, en el «todo es para anteayer» y que olvida que los empleados tienen una vida fuera del trabajo es incompatible con mi visión de la productividad, que engloba en realidad todos los aspectos de la vida y que permite obtener mejores resultados en el trabajo al tiempo que aumenta la calidad de vida. Si tu empresa es de las que piensa que su misión es exprimirte al máximo y tenerte allí 12 horas en lugar de 8 si es posible y tu estás interesado en mejorar tu vida en general, no solo tus resultados en la empresa, entonces solo hay un consejo posible: ¡Huye en cuanto puedas!

Este concepto de productividad (que pretende la mejora en todos los aspectos de la vida), suele citarse normalmente como «productividad personal», aunque a lo largo del blog yo hablaré de «productividad» a secas, refiriéndome siempre a la productividad personal, que establece una relación de ganar/ganar entre trabajo y vida, sin supeditar la segunda a lo primero. La productividad centrada solo en mejorar en el trabajo a costa de todo lo demás no me interesa ni creo que se pueda llamar realmente productividad, porque a la larga no es nada productiva, por eso llamo productividad a lo que yo creo que debe ser la productividad en la época que estamos viviendo.