¿El móvil tiene la culpa?

Esta mañana he visto en Twitter un enlace a este vídeo.

No es el primero de este tipo que veo y me pasa como a quien compartía en esta ocasión el vídeo (@josetortosa), que me llega…

Porque es algo que veo cada día y me produce malestar y porque cuando veo la tónica general de los comentarios me doy cuenta de que estamos confundiendo al culpable, y si confundes al culpable no puedes solucionar el problema.

Cuando empiezas a leer los artículos o comentarios que suelen acompañar a estos vídeos la idea que te acaba quedando es “el móvil es el diablo, mira en qué nos ha convertido”. Es una actitud muy humana, echar balones fuera y culpar de nuestro problema a algo que no se puede defender, así seguimos igual pero con la conciencia más tranquila porque no es nuestra culpa, es de los malditos ingenieros que no tenían otra cosa que hacer y decidieron arruinarnos la vida.

La realidad, a mi modo de ver, es bastante distinta. Los móviles de los que disponemos hoy son cacharros que hace solo 20 años no aparecían ni en películas de ciencia ficción, nos permiten comunicarnos con gente a la que no tenemos cerca de un modo que no podíamos ni soñar hace no tanto tiempo, pero en ningún manual de instrucciones dice que debas hacerlo mientras comes con tu familia, das un paseo con tus hijos o tomas un café con amigos. Eso es algo que decides tu en cada momento, no lo decide el móvil. Es responsabilidad tuya al 100%. Ni tu móvil ni Steve Jobs ni Lee Kun-hee tienen nada que ver en que tu estés ignorando a quienes tienes alrededor por no poder apartar la mirada de la pantalla.

Antes del móvil ya pasaba con la tele: “La televisión rompe la comunicación el las familias que ya no hablan mientras comen”. Y resultó que la solución era tan sencilla como apagarla durante las comidas. Os puedo garantizar por experiencia propia que en un hogar donde nunca se ha comido con la TV encendida no hay la más mínima protesta por ello, porque es algo que no se concibe. Donde ya es habitual supone pasar un periodo de desenganche, pero luego se ve como algo normal y la vida sigue sin esa necesidad.

Y con el móvil ocurre algo similar. Si un día dejas de echarle la culpa a él y asumes que eres tu quien debe hacer algo los problemas empiezan a desaparecer, se pasa mal una temporada y luego la vida sigue sin esa necesidad. Os lo dice alguien que vive de la tecnología, que la disfruta, que está pendiente de cualquier novedad, que es un “early adopter” vocacional, pero que al mismo tiempo está preocupado por hacer un uso racional del móvil y disfrutar a tope de lo que ocurre cerca sin preocuparse a cada momento por lo que pasa lejos.

Por si miras hacia dentro y te reconoces en las actitudes que se ven en el vídeo te dejo una lista de cosas que a mi me han funcionado. No a modo de “receta infalible para dejar de estar enganchado al móvil”, que sería como os lo contaría alguien que hubiera hecho un curso de marketing online. Si habéis leído algo de este blog sabréis que no creo en recetas ni en “listas de 10 pasos para…”, solo quiero compartir algunas de las normas y cambios que me han funcionado hasta ahora para llevar una relación más o menos sana con mi smartphone. No todas valen para todos, porque no todos vivimos igual, pero si crees que debes hacer algo puede que alguna de ayude a dar los primeros pasos:

  • Norma familiar nº 1: no se usan dispositivos electrónicos mientras comemos, ya sea en casa o en un restaurante. Ni adultos ni niños. Si las niñas empiezan a aburrirse le echamos imaginación para capear el temporal, pero no les echamos el móvil “para que se entretengan y no den la lata”. Los momentos de reunión offline los vivimos offline. Hay pequeñas excepciones. Se puede usar el móvil unos segundos para hacer un check-in o algo similar, pero luego vuelve a su sitio y no se responden interacciones si surgen.
  • Norma familiar nº 2: Cuando salimos a pasear, en bici, de excursión, al parque… se aplica una versión relajada de la norma nº 1. Es decir, no usamos el móvil salvo para hacer y/o compartir alguna foto muy esporádicamente. No entramos a ver qué pasa en Facebook o en Twitter ni consultamos el correo, etc. Digo que es una versión relajada porque nos permitimos responder emails y llamadas si es necesario. Es una cuestión de equilibrio: si se que me va a llegar un email urgente esta tarde no voy a cancelar la excursión porque tengo la norma de no responder emails. Prefiero salir, hacer una pausa cuando llegue, responder y seguir. Las llamadas que recibo en el móvil no son muchas, por lo que no es un problema. Si tu problema son las llamadas tendrás que buscar tu propia solución porque como no tengo ese problema no he tenido que buscarla ;).
  • “Vale, ¿pero cómo sabes cual es ese email urgente? Si recibes muchos emails tendrás que estar mirando a cada aviso a ver si es el que esperas y eso no es lo que se pretende”. Así es, y para eso tenemos los filtros de email. La idea consiste en reducir los avisos que recibes en el móvil al mínimo. Mediante filtros tu puedes decidir qué emails van a provocar que tu móvil te avise y qué emails no lo van a hacer porque no hay prisa en leerlos. En la mayoría de los casos se pueden quitar todos, porque hay muy pocos emails que no puedan esperar una o dos horas a que los leas. No voy a explicar en detalle cómo se hace pero lo puedo explicar en otro post si hay interés. De esta manera sabes que cuando el móvil vibra por un email hay una posibilidad alta de que sea importante y lo puedes mirar sin sentimiento de culpa…
  • “OK, ya tengo filtrado mi correo, pero Facebook y Twitter no dejan de molestar”. La pregunta es ¿necesitas realmente saber al instante cuando alguien te ha mencionado o retuiteado? Si tu participación en las redes es por temas personales, no laborales, la respuesta será no. Si la respuesta es sí mira a ver si estás respondiendo tu o tu ego. Si logras callar a tu ego puedes desactivar tranquilamente las notificaciones y ya verás esas interacciones cuando vuelvas a casa y tengas un rato. Si necesitas estar atento porque tu cuenta tiene un uso profesional puedes dejarlas activas y usar la función de prioridad de tu móvil (si la tiene) cuando decidas que esos momentos son solo para ti y no vas a responder aunque te mencionen.
  • Whatsapp, el gran enemigo. No hace falta que te diga nada más si lo usas. En mi caso está todo silenciado excepto mi familia, pero por separado. Me explico: hay un grupo de familia donde vamos compartiendo comentarios y fotos. Ese está silenciando también. Pero como por separado solo nos escribimos cuando hay algo importante en ese caso sí tengo activos los avisos. Si, Whatsapp es mensajería instantánea, lo se, y eso significa que tu mensaje me llega al instante, no que esté obligado a leerte y contestarte al instante también.
  • Notificaciones de apps: todas desactivadas, ya veré el aviso cuando entre. Aun no he encontrado una que merezca mantener como aviso.
  • Al desactivar los avisos en unos casos se desactivan al 100% y en otros se deja que aparezca la etiqueta pero no que el móvil suene ni vibre. Esto es útil en muchos casos. Por ejemplo: yo uso bastante Twitter pero muy poco Facebook, así que los avisos de Twitter los tengo silenciados al 100% porque se que los veré al menos en el mismo día, pero los de Facebook los tengo puestos para que aparezcan en pantalla pero no suenen ni vibren. De esta forma no me interrumpen pero cuando voy a ver el móvil se que tengo algo pendiente que de otra manera igual tardaría una semana en ver.

Con todo esto consigues el primer paso: que tu móvil no te esté llamando continuamente con avisos para informarte de alguna tontería. Con esta configuración sabes que cuando te llame puedes hacerle caso porque probablemente sea algo que merece ser atendido en el momento.

El segundo paso y el más costoso es el autocontrol. En cuanto quites las notificaciones te van a entrar unas ganas incontrolables de mirar cada 5 minutos si ha pasado algo. Hay que vencerlas, es como dejar de fumar. Sabes que no ha pasado nada importante, porque si no tendrías un aviso, relájate. Sí, puede que alguien te haya mencionado en Twitter y tu aun no lo sabes ¿Cómo vas a vivir con esa duda?

Al principio puede funcionar ponerte horas fijas para mirar el móvil, cada dos horas por ejemplo. Cuando te sientas mejor con ese plan y veas que no se hunde el mundo puedes pasar a cada tres o cuatro, y si superas esa fase y se te pasa por completo la ansiedad de “no saber qué está ocurriendo” llega un momento en que no necesitas horarios. Lo mirarás de vez en cuando con un vistazo rápido y sabrás si hay algo que merece atención.

 

 

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  • Educación, productividad, tecnología... En resumen, que no me centro.