Mi opinión sobre el vídeo de Emilio Duró

Este artículo es una mezcla de dos artículos previos en los que exponía mi opinión sobre el mensaje que transmite el famoso vídeo de Emilio Duró que va corriendo por la web. Unos meses después de haberlos publicado, Emilio me hizo notar que había ataques a su persona además de a su mensaje, por lo cual he decidido eliminar ambos artículos y rehacerlos en este en el que solo argumento sobre el contenido sin ir más allá. Cometí un error que no se debe cometer, que fue escribirlos «en caliente», y eso hizo que el tono no fuera el habitual en mis posts, sino más irónico y sarcástico. Mil disculpas tanto a Emilio como a quienes se hayan podido sentir molestos al leerlos.

No tengo nada en contra de Emilio, para nada, solo algo de envidia no se si sana o no por no tener su capacidad de transmitir y de conectar con el público, con lo bien que me vendría. Según he sabido después el vídeo se publicó sin su consentimiento, y era una charla destinada al público de ese evento en concreto, pero el hecho de que se difundiera ha hecho que lo haya visto mucha gente, y me ha sorprendido mucho la facilidad con que han hecho suyas muchas de las afirmaciones que allí salen, imagino que precisamente por el «gancho» de la persona que las cuenta. Por eso, y sin poner en duda si estos consejos eran útiles para aquel auditorio en aquel momento, lo que explico a continuación es por qué no veo que sean útiles o beneficiosos para el publico en general, y por qué me ha sorprendido tanto su éxito.

Este es un resumen de lo que hizo que el vídeo me dejara con aquel mal sabor de boca:

  • Lo primero, y de esto no tiene la culpa Emilio ni el vídeo: me ha sorprendido mucho que este vídeo haya resultado tan motivador para tanta gente. Personalmente me pareció algo muy elemental y me llevó a la triste conclusión de que estamos realmente muy desmotivados cuando una cantidad tan grande de gente encuentra tanta motivación en un mensaje como este. 
  • El mensaje «no innoves, copia», que como es algo que se opone radicalmente a lo que yo defiendo también me chocó que se aceptara con tanta facilidad, cuando copiar lo que hacen otros es en buena parte el motivo que nos ha llevado a esta situación crítica que estamos atravesando. (además todos sabemos que aunque copies las «técnicas de la bestia» para ligar en la discoteca, como no tengas el cuerpazo y los ojazos de la bestia lo que vas a provocar son risas. Mejor que busques otra técnica que te sirva teniendo en cuenta tus características). Siempre que alguien defiende esa idea de que copiar es mejor que innovar yo le recomiendo leer El elemento, de Ken Robinson, y esta ocasión no va a ser una excepción.
  • No me pareció nada optimista eso de que a partir de cierta edad ya no se aprende nada, ni pensar que la innovación está reservada a los genios. Si fuera así, tengo la suerte de estar rodeado desde hace años de muchas excepciones a la regla: gente que con más de 40  años innova y aprende cada día haciendo que la realidad que les rodea cambie poco a poco.
  • Las referencias a argumentos como mínimo dudosos, como los basados en la física cuántica y los famosos cristales de Masaru Emoto, que nunca ha podido demostrar el origen de esas fotografías ni repetir el experimento.
  • Y un detalle que puede parecer tonto pero que me tocó a nivel más personal debido a mi gran interés por la educación y a estar participando en un proyecto educativo al que a veces llegan de rebote «últimos de la clase» del sistema educativo tradicional: esa frase que dice que «si tu hijo es el último de la clase no hay otra explicación, es que es tonto». Para casi todo hay más explicaciones que la que parece más evidente. Hay muchas explicaciones a los últimos de la clase, y los que yo conozco pueden recibir muchos calificativos diferentes, pero para nada el de tontos. Ya que he recomendado antes El Elemento para quienes piensen que solo los genios deben innovar, recomendaré ahora Educar para Ser o Por fin libres para quienes piensen que tienen hijos tontos.

Esto es básicamente y resumido todo lo que hizo que tras acabar de ver el vídeo me quedara una mala sensación y me sorprendiera comprobar como había una opinión unánime sobre su positividad que me llevó a escribir sin pensar mucho y a hacerlo de una manera nada afortunada. Creí justo eliminar los anteriores artículos pero quería al tiempo dejar constancia de mi opinión, que es solo sobre el mensaje, no sobre la persona, que aunque el tono de los anteriores artículos no llevara a verlo así, me cae estupendamente aun sin conocerlo en persona, y transmite mucho más optimismo con su actitud que con el contenido del famoso vídeo.