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Productividad

Por qué no somos productivos de serie (I)

En estos primeros posts, y antes de entrar en detalles sobre el tema concreto del blog, me apetece hablar un poco de los motivos por los que no somos productivos «por defecto», de por qué nos cuestra tanto trabajo cambiar nuestros hábitos para empezar a gestionar nuestra vida y nuestro trabajo. Cuesta menos ponerse a arreglar lo que no funciona cuando sabes de donde viene el problema.

Einstein decía que es un milagro que la curiosidad sobreviva a la formación reglada. Yo puedo añadir que es un milagro que nuestra capacidad para decidir sobre nuestra vida sobreviva también al sistema educativo.

La productividad que buscamos supone el desarrollo de unas ciertas capacidades, habilidades, habitos, etc. Veamos que es lo que necesitamos para poder empezar a considerarnos medianamente productivos:

  • Hacer un trabajo que nos agrada o conseguir que nos agrade lo que hacemos.
  • Fijarnos metas ilusionantes.
  • Luchar por nuestras metas cada día.
  • Priorizar para hacer en cada momento lo mejor que podemos hacer para conseguir nuestras metas.
  • Organizar nuestro día a día para no trabajar ni vivir en un caos.
  • Seguimiento y autoevaluación para corregir mientras caminamos hacia nuestras metas.

Algo me dejaré en el tintero, pero una persona con estas capacidades más o menos desarrolladas digamos que está en el buen camino.

Antes de meternos en el mundo laboral todos hemos recibido una formación, que empezó como muy tarde a los 6 años y que acabó como muy pronto a los 14. Así pues todos hemos pasado como mínimo 8 años de formación (la mayoría muchos más), en los que además de meternos en la cabeza contenidos académicos que olvidábamos pocos dias después del examen, día a día vivíamos en un ambiente en el que:

  • Estábamos obligados a estar muchas horas sentados en un entorno que no nos agradaba justo en el momento de nuestras vidas en que nuestro cuerpo necesitaba una actividad física mayor.
  • No nos podíamos fijar metas pues ya venian fijadas en el programa académico. Eran metas externas, de otros, no propias.
  • Estudiábamos de golpe dias antes del examen, no luchábamos día a día por esas metas, cosa normal, nos importaban bien poco, no eran nuestras.
  • En todo momento alguien nos decía qué teniamos que hacer y aprender, cuando hacerlo o aprenderlo, como hacerlo y aprenderlo, y además nos daba todas las respuestas o como mínimo nos marcaba el camino «único» hacia la respuesta. No había capacidad para decidir a qué dedicar el tiempo ni qué considerábamos más importante hacer en cada momento.
  • Los horarios estaban prefijados de antemano, de nuevo por el exterior, no por nosotros, no había posibilidad de decidir sobre nuestro día a día.
  • El seguimiento de nuevo era externo. Alguien decidía si habíamos cumplido o no en base a lo que uno era capaz de recordar en el día concreto en el que había un examen. No aprendimos a autoevaluarnos, sino a depender de la evaluación externa.

Si comparas ambas listas quizás empieces a ver algún motivo por el que te cuesta o te ha costado tanto emprender con éxito este camino hacia la productividad: nos han educado justo para lo contrario de lo que pretendes hacer. Estamos educados para aguantar  una serie de horas en un ambiente desagradable y cumpliendo las órdenes, horarios y objetivos de otros.

Viñeta de Frato
(*)Viñeta de Frato

He tenido la fortuna de conocer varias experiencias educativas increibles donde los niños no siguen esas absurdas normas del sistema, sino que se les facilita un entorno donde pueden seguir sus intereses y donde el conocimiento se les facilita, no se les impone, donde se ven obligados a organizarse cada día porque nadie les impone un horario, donde sus metas las fijan ellos mismos, donde se ven obligados a buscar y pedir colaboración cuando la necesitan, donde lo único que se exige es el respeto por el otro y el cumplimiento de los compromisos que se adquieren con los demás. No tengo ninguna duda de que muy pocos de esos niños van a necesitar cambiar hábitos para gestionar mejor su trabajo y su vida, porque los hábitos que tienen no hay motivos para cambiarlos.

Ser consciente de estas carencias educativas hizo que, tras varios fracasos iniciales, fuera más fácil para mi tomarme en serio este tema esta última vez y no decaer a las primeras de cambio. Me repetía una y otra vez:

«No eres más torpe ni tonto que cualquier otro, simplemente eres analfabeto en esto porque durante muchos años mucha gente ha puesto mucho interes en que lo seas. Tienes que aprender desde cero.»

Estoy convencido de que el modelo educativo vivido durante tantos años es uno de los motivos por los que se hace tan duro empezar y es difícil conservar las ganas de seguir. Justo cuando estábamos desarrollando nuestra personalidad y nuestro cerebro estaba en plena formación nos programaron para hacer lo contrario de lo que pretendemos hacer.

Si naciste en una familia de emprendedores que luchaban por sus objetivos, tienes la gran ventaja de haber vivido un modelo alternativo para contrarrestar tantas horas viviendo en el otro lado, pero si tu familia era una familia «normal», con unos padres que igual que tu en el colegio o en el instituto trabajaban muchas horas obedeciendo órdenes en algún sitio que no les acababa de gustar, entonces tienes un buen poso allí escondido en el fondo de tu cerebro que sigue esperando a que alguien externo le ponga objetivos, le examine, le diga qué tiene que hacer, cuando hacerlo y como hacerlo. Vamos a librarnos de ese poso o como mínimo a diluirlo al máximo para que no nos moleste mientras intentamos vivir de otra manera y tomar las riendas en nuestro trabajo y nuestra vida.

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